A manera de columna escribo lo siguiente
En la oficina donde
trabajo me piden un informe de los meses que pacientemente he laborado,
le explico a mi jefe que en sí no he hecho nada, él me desmiente.
Atiendo su aclaración, pero insisto, es que no he hecho nada. La
computadora lo avala y la cárcel edificio también. Prácticamente he
pasado de largo, sin relevancias qué comentar. Salvo que.
No, tampoco me he enamorado de Cesárea, pero me parece de lo más
poético confesar que sí. No he escrito ningún libro, pero sí varias
cartas (las cartas siempre son de amor, no hay forma de que hablen sobre
otro tema). No he rescatado mundos ni concebido revoluciones, me he
vendido a los gatos que recurren a mi casa en busca de mendrugos de pan y
tragos de leche. No he saltado precipicios ni azotado monstruos. No he
recibido impactos de bala ni he llenado mausoleos con bombas. No he
pintado monalisas ni me he asomado al vientre de ningún hombre. No he
tendido puentes como los de antaño ni he robado corazones para cocerlos a
fuego vivo. No me he descubierto, sigo oculto hasta de los lobos. No he
encontrado tesoros ni viajado kilómetros en el lomo de las ballenas.
Tampoco me he hecho fusilar ni he tomado Zacatecas. Qué quieren que
informe, si sólo he escrito líneas por donde no corren los
ferrocarriles. No he asaltado bancos comandando pandas de poetas. No he
capturado arcoíris ni he hecho aletear mariposas que causen huracanes.
No he tratado siquiera de hundirme en el infierno ni tampoco he
alcanzado ningún cielo. He rotundamente fracasado. Qué putas quieren que
informe.
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